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La Educación del neofeudalismo

31 Octubre 2013

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DAVID BOLLEROBankia

La imagen que acompaña a esta entrada del blog es uno de los anuncios que se pueden ver por internet y que sintetiza el futuro de la Educación en España en manos del PP. Faltaría, si acaso, cambiar la imagen de la cabina de teléfono por la de un confesionario. Un futuro, pues, que parece abocarnos a tener que solicitar préstamos para una formación que nos valdrá para, en las circunstancias actuales, formar parte de ese segmento de población activo sobrecualificado que en el caso de tener la fortuna de poder trabajar es más que probable que lo haga en una actividad que nada tiene que ver con su área de especialización.

Los de arriba, ya saben, políticos y banqueros que no hablan más que de lo viento en popa que va nuestra economía, podrán vendernos que cuando un universitario solicita un préstamo para pagarse la universidad lo que está haciendo en realidad es invertir en su educación, en su futuro. Curiosamente, este argumento no es aplicable a lo que, en realidad, debería hacer el propio Estado, para el que no existe tan inversión y únicamente se contabiliza como un gasto. No en vano, España pasa por ser uno de los países de la Unión Europea que más ha recortado su inversión en Educación. En realidad, este sistema de préstamos no es más que una fórmula más del neoliberalismo para convertirnos en sirvientes contratados.

Vamos camino de lo que lleva años sucediendo en países como EEUU o Reino Unido. ¿Ha sido un éxito este modelo? Depende de la perspectiva con la que se mire. Tomemos EEUU como ejemplo: si se analiza desde la implacable lógica capitalista, la jugada no podía haber salido mejor. Este país adalid de la democracia, gran libertador de pueblos oprimidos, retrata a la perfección cómo al desmantelamiento de la Educación Pública le acompaña un boom de beneficios en el sector privado.

Así, mientras que entre 1990 y 2010 la inversión pública por estudiante cayó una media del 26%, el precio de las matrículas de las universidades creció un 112,5%. Este incremento obligó a solicitar más préstamos, lo que hizo crecer la deuda de los recién graduados un 24%. Lo perverso de este sistema es que cuando uno termina la universidad, está tan ahogado por lo que aún ha de pagar que termina trabajando de lo que sea, entregándose de lleno a la precariedad. Y las empresas se aprovechan de ello. De hecho, en la última década, el sueldo de los trabajadores con una licenciatura de entre 25 y 34 años se ha desplomado un 15%. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que no salen las cuentas… salvo para las entidades financieras, claro. En la actualidad, se estima que la cifra de préstamos para estudiantes en EEUU ha alcanzado el billón de dólares.

¿Qué sucede en un país más cercano, como Reino Unido? Exactamente lo mismo. Al recorte en Educación siempre le acompañan subidas en los precios de las matrículas y barra libre para los préstamos, cada vez más usureros. Tanto es así, que recientemente se filtró un informe de una entidad en la que se sugería aumentar aún más el tipo de interés de este tipo de préstamos. ¿Por qué no atrapar en las redes del neoliberalismo al sujeto antes incluso de que se lance al mercado laboral, por qué no hacerlo productivo antes de tiempo? Dicho y hecho.

El panorama actual al que se enfrenta un universitario medio en Londres es de unos gastos anuales (matrícula, material, transporte, alojamiento, comida…) de más de 23.200 libras al año. Si enfrentamos esa cifra con los ingresos (en los que incluimos los préstamos), vemos que sus números rojos alcanzan las 7.600 libras. ¿En qué deriva todo esto? En primer lugar, en un descenso acentuado del número de estudiantes universitarios. Y en segundo lugar, en que el estudiante ha de compatibilizar sus estudios con la explotación laboral en el mejor de los casos o, en el peor y tal como reconocen las últimas estadísticas, con un repunte de la prostitución universitaria y de empleadas en barras americanas y locales de striptease.

“Sistema de organización político, social y económico que se impuso en Europa Occidental en el que se crea una sociedad dividida en estamentos. Entre estos estamentos se distinguían grupos privilegiados (nobleza y clero) y no privilegiados (campesinos y siervos). Los campesinos para tener derecho a los mansos debían jurar fidelidad y ayuda al señor mientras este les daba protección. El campesino debía trabajar las tierras de la reserva señorial unos días por semana y pagar impuestos por la explotación de los mansos y el uso de los recursos del feudo (molinos, madera, etc.)”.

El párrafo anterior es una definición de sociedad feudal cogida de extractos de un libro de texto de Ciencias Sociales de 2º de la ESO. El parecido con la actual sociedad es extraordinario con tan sólo cambiar algunos términos, como ‘campesino’ por ‘trabajador’ o ‘molinos, madera’ por ‘Sanidad y Educación’. Este sistema neoliberal se transforma cada vez con más intensidad en una suerte de neofeudalismo. Y en este sistema, la Educación juega un papel clave por su poder liberador, por su capacidad de hacer libre pensadores a los sujetos y, por ende, autónomos. Algo que, claro está, los poderes actuales están decididos a neutralizar y, de paso, a convertir la Educación en un instrumento para todo lo contrario: en lugar de liberar, esclavizar y someter aún más.

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